William tiene 7 años. Va al colegio, se deja abrazar por su familia, expresa si está triste, enojado o contento, se viste solo, saluda, escribe su nombre y dice oraciones y frases completas. Situaciones típicas de chicos de su edad, pero sorprendentes para un niño con autismo.
Cuando tenía 4 años y cinco meses, tras varias consultas médicas que explicaran el comportamiento del pequeño (no seguía instrucciones, no se comunicaba, no buscaba acercamiento con sus padres, no interactuaba con otros niños) y ante respuestas como “es normal, hay que darle tiempo” o “es porque fue prematuro”, le diagnosticaron autismo. Éste es definido, según el psiquiatra Carlos Salazar, como un trastorno generalizado del desarrollo que suele detectarse desde antes de los tres años y que afecta aproximdamente a uno por ciento de la población mundial en su mayoría a hombres.
Entre los signos que caracterizan el trastorno están el poco desarrollo del lenguaje e interacción social, poca respuesta a caricias afectivas y no porque tengan conductas desafiantes, sino porque ese comportamiento es parte de la condición, añade Salazar.
Marta de Campbell es la mamá de William y presidenta de la asociación Intégrame que brinda terapias gratuitas a niños con autismo y con el Síndrome del Cromosoma X Frágil. Ella explica que el autismo de su pequeño es catalogado de alto funcionamiento, lo cual implica una mayor adaptación al medio y un mejor desarrollo a nivel integral a diferencia de otros tipos que van de leve a severo. Por supuesto, para lograr un mejor desempeño en todo nivel se hacen necesarias las terapias diarias y dosificadas pues se necesita un trabajo multidisciplinario que integre actividades sensoriales, de estimulación de inteligencia y terapia del habla.
Sus peculiaridades
Además de la poca o nula comunicación e interacción social que tienen los autistas, se suman las conductas repetitivas y lo estructurados que son. Un signo característico es alinear sus lápices, sus carros, muñecas, etc. de manera excesiva.
De ahí deriva el hecho de que se les describa como ensimismados debido a que prefieren aislarse y encapsularse en su propio mundo. También es común verlos haciendo movimientos repetidos como balancearse, correr o caminar de un lado a otro en determinado espacio e inclusive golpearse a sí mismos, a veces para calmar la ansiedad peculiar que algunos mantienen, explica de Campbell.
Tienden a mantener una misma rutina y cualquier cambio imprevisto podría alterar su conducta, señala Salazar. Sin embargo, cuando un niño está bajo terapias, esto deja de ser un problema.
La híper o hipo sensibilidad a uno o varios de los sentidos suele caracterizar el trastorno. Hay niños cuyo sentido auditivo no soporta determinado tipo de sonidos por lo que se tapan los oídos para evadirlo. Otros en cambio, lo son al tacto y por eso no toleran el contacto físico, ni siquiera de sus familiares. Y aunque el retraso mental no es típico de ellos —algunos sí lo presentan— debido al déficit en distintas áreas, no logran desenvolverse como lo haría una persona de la misma edad sin este problema.
Sus períodos de atención son muy cortos y día a día hay que indicarles lo que deben hacer, por ejemplo: “lávate los dientes”, “colócate los zapatos”, “cuando regreses del colegio almuerzas, después te lavas los dientes, haces las tareas”.
El origen
Respecto al autismo aún no hay nada concluyente pero suele atribuirse a factores genéticos, y aunque ninguna causa es precisa y confirmatoria, sí se ha estudiado a personas autistas que tienen peculiaridades en el cerebro como asimetría en ambos hemisferios cerebrales, dilatación de los ventrículos del cerebro o estructuras más pequeñas del cuerpo calloso.
Por eso, el diagnóstico se basa en signos y la evolución de ellos en determinado periodo. Se complementa con pruebas del cociente intelectual, entre otras, que puede practicar un neurólogo o psiquiatra. Salazar explica que existen tres categorías de síntomas que inducen al diagnóstico: la primera es el retraso en el desarrollo del lenguaje o ausencia de éste, o bien, poca capacidad para establecer una conversación adecuada. La segunda es la poca o nula interacción social y búsqueda del contacto, y la tercera se relaciona con los patrones de comportamientos repetitivos y estereotipados. También parecen tener alta preocupación por determinada parte de un objeto, por eso es usual verlos entretenidos mucho tiempo examinando algún juguete u otro artefacto.
¿Cómo ayudarlos?
El autismo perdura en toda la vida de una persona. No existe una cura, pero los tratamientos ayudan significativamente. Estos incluyen terapias conductuales, de comunicación y algunas medicinas para controlar los síntomas.
La terapia del lenguaje es fundamental. A criterio de la terapista de lenguaje y audición Patricia Valiente, con experiencia en niños autistas, el área de lenguaje debe estimularse a través de la práctica de ejercicios que van desde la articulación hasta la pronunciación de fonemas (sonidos de las letras). Las actividades van desde la ejercitación de la lengua y labios hasta la articulación de palabras, para lograr comunicación efectiva lo cual incluye no sólo la comunicación sino la pronunciación y repetición de frases y palabras, sino la comprensión del lenguaje, agrega Valiente. Deben darse por lo menos dos veces a la semana en un periodo de 45 minutos. Éstas también se trabajan de manera integral con las otras terapias que recibe el niño y lo ideal es que los padres de familia lo acompañen para ver la evolución del pequeño y cómo ayudarle en casa.
NOTA PUBLICADA POR: Prensa Libre, jueves 10 de abril de 2008